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lunes, 7 de diciembre de 2009

Esclavitud, trata, indiferencia y solidaridad


Por: Luisa Fernanda Montero [HCN]

La esclavitud es una realidad. Se estima que actualmente hay en el mundo más esclavos que nunca antes en la historia de la humanidad.

Millones de personas son víctimas de trata y obligadas a vivir en degradantes condiciones que envuelven varias formas de esclavitud; trabajos forzados, servidumbre doméstica involuntaria y abuso sexual.

Muchas de estas personas pueden estar viviendo el maltrato muy cerca de ti, quizás a la vuelta de la esquina, muy cerca de donde vives o trabajas, en el lugar que menos te imaginas.

La crisis económica global ha disparado los índices de la trata de seres humanos, de acuerdo con el último informe del Departamento de Estado. La escasez de empleos obliga a los trabajadores desesperados a tomar cualquier riesgo con tal de tener una mínima remuneración económica, lo que alimenta las redes de traficantes que los esclavizan.

Si las viejas imágenes de africanos encadenados descendiendo de los barcos en las costas del continente eran espeluznantes, no deben serlo menos las de los inmigrantes que hoy son obligados a trabajar en campos aislados donde deben cumplir con extensas jornadas sólo para devolverle a su “empleador” el valor de su viaje, su comida o su espacio para dormir.

Incomunicados y aterrorizados muchos renuncian a la posibilidad de liberarse porque carecen de documentos y son permanentemente amenazados.

Miles de seres humanos son violentados hasta el cansancio; muchas mujeres, cuando no son prostituidas, son obligadas a prestar servicios domésticos esclavizantes sin derecho a ningún tipo de descanso.

Sus captores, muchas veces elegantes amas de casa, les retienen sus pasaportes, en caso de que posean uno, y las mantienen encerradas e incomunicadas a punta de amenazas.

Por su posición privilegiada, los Estados Unidos es uno de los grandes países receptores, miles de personas, atraídas por el sueño americano, seden a las falsas promesas de traficantes que les ofrecen trabajos honestos para sacar a sus familias de la pobreza.

Ya sea atravesando las fronteras terrestres o viajando como carga en barcos trasatlánticos, hombres, mujeres y niños llegan al país de los sueños para descubrirse en la más brutal de sus pesadillas.

Por eso el llamado a la conciencia y la solidaridad es urgente. No podemos ignorarlo, no podemos ser indiferentes.

Hay una salida, si conoces a alguien que crees que es víctima de trata, es violentado, privado de su libertad u obligado a hacer cosas que no quiere, o tú estas en una situación así, no estás solo, existe ayuda. Llama a la línea para frenar la trata de personas al 1-888-668-7282 0 1888 NO - TRATA. La trata es un crimen: ¡Denúnciala!

Amigo lector de La Columna Vertebral, si necesita información adicional o servicios en su comunidad llame a la Línea de Ayuda de la Fundación Self Reliance al 1-800-473-3003.

lunes, 30 de noviembre de 2009

No sea una víctima más


Por: Sonia Schott

La violencia contra la mujer es esa parte obscura de la humanidad de la que casi nadie habla en público, por vergüenza. Pero todos sabemos que a pesar de ese silencio cómplice, está allí todos los días, con demasiada frecuencia; porque es el delito escondido más generalizado del mundo, que no conoce fronteras geográficas, razas, culturas, clases sociales, ni edades.

Los gobiernos del mundo reconocen la violencia de género como una violación grave de derechos humanos y las Naciones Unidas la definió en 1993 como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la obligación forzada por amenazas, o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la vida privada”.

No obstante, miles de mujeres son víctimas de esa violencia permanentemente, pero lo más lamentable es que muchas la asumen como parte de su condición femenina y sienten o creen que es normal y que es una consecuencia más del orden establecido.

Muchas han vivido ciclos de violencia que empiezan cuando son niñas, en un seno familiar en el que son abusadas o en el que son testigos del maltrato del que son víctimas sus madres, o las demás mujeres de su familia. Por eso, la resignación y el miedo se convierten en constantes de su vida, constantes que les impiden pedir ayuda, hablar, defenderse.

Lamentablemente los ciclos de violencia tienen tres destinos seguros, la cárcel, el hospital y el cementerio.

Si usted es víctima de algún tipo de abuso por parte de un miembro de su familia, no lo piense más, denúncielo ante las autoridades, busque un refugio comunitario y lo más importante, decídase a no seguir siendo una víctima. Aun está a tiempo.

Si teme por su estatus migratorio, debe saber que si es víctima de violencia doméstica le puede amparar la ley VAWA y la visa U.

Existe ayuda, hay recursos disponibles en español las 24 horas, siempre puede llamar a la línea nacional de violencia doméstica al 1-800 7997233 o comunicarse con la policía si siente que el peligro es inminente.

Permitir que los ciclos de violencia se extiendan no es una buena decisión, pone en peligro su vida y muy probablemente también la de sus hijos. Hable, denuncie, actúe y recuerde que siempre se puede comenzar de nuevo.

Amigo lector de La Columna Vertebral, si necesita información o servicios en su comunidad llame a la Línea de Ayuda de la Fundación Self Reliance al 1-800-473-3003.